Motor de corriente alterna


Es cierto, no se puede decir que eso sea un invento, sino más bien un descubrimiento, pero los instrumentos y tecnología necesarios para crear y manipular la corriente alterna sí que fueron invención mía. Ahora observo con orgullo que la Humanidad ha adoptado mi sistema, en lugar de la corriente continua de Edison. En realidad, era lógico y, en principio, solo cuestión de tiempo que se dieran cuenta de sus ventajas. ¿De verdad pensaba ese maldito ingrato que su corriente continua, que precisaba de estaciones repetidoras cada pocos kilómetros debido a sus escandalosas pérdidas, iba a ser la solución para iluminar el mundo? No, la cosa caía por su propio peso. La corriente alterna, mi corriente alterna, puede enviarse a miles de kilómetros de distancia sin apenas experimentar pérdidas. Tan solo hay que aumentar su tensión para disminuir su intensidad, mandarla por un cable y luego, en su destino, volver a bajar su tensión al valor necesario mediante un simple transformador. Fácil. Rápido. Eficaz. La cosa caía por su propio peso, sí. Era cuestión de tiempo, sí. Y, sin embargo, confieso que durante años me preocupó que, con sus malas artes, Edison consiguiera convencer al mundo de que la corriente continua era la solución. ¿Que la corriente alterna es peligrosa? ¡Falso! Solo hay que saber manipularla. ¿Que puede matar a un elefante? ¡Pues claro! Pero también lo puede hacer la corriente continua: basta con aumentar lo suficiente su tensión e intensidad. De hecho, dadme cualquiera de los inventos de Edison y un elefante, y veréis que yo también consigo matarlo. Pero, claro, él se quedó con el único paquidermo que había que sacrificar… Además, ¿qué culpa tendrán esos pobres bichos de lo que nos traigamos entre manos nosotros, los humanos?

Tesla llegó a construir el dispositivo mencionado en el punto anterior: el motor de corriente alterna, un aparato capaz de convertir una forma determinada de energía en energía mecánica de rotación.

Dadme cualquiera de los inventos de Edison y un elefante, y veréis que yo también consigo matarlo

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La clave de la corriente alterna, lo que le da tantas posibilidades de manipulación y de transporte, reside en que es variable. Y una corriente variable genera un campo magnético a su alrededor, cosa que no puede hacer la corriente continua. A efectos prácticos, podríamos decir que la corriente alterna es intercambiable con el campo magnético. Es decir, que podemos convertir una corriente en campo magnético y viceversa mediante el uso de transformadores. Un transformador no es más que un par de rollos de cable eléctrico enrollados en torno a un núcleo metálico. El primer rollo, que en un alarde de imaginación bauticé como ‘primario’, genera un campo magnético que es recogido y transmitido por el núcleo metálico hasta el segundo rollo de cable. Y ahí, en el secundario, se produce el efecto inverso: el campo magnético del núcleo se convierte en corriente alterna. Pero ahora es donde viene lo bueno: la corriente del primario y la del secundario no tienen por qué ser iguales, porque la conversión de corriente a campo magnético y viceversa depende del número de vueltas que le hayamos dado al cable. Así que jugando con el número de vueltas o espiras de primario y secundario se pueden variar las tensiones e intensidades de las corrientes. Este no solo es el fundamento de los transformadores que inventé para manipular la corriente alterna y así conseguir transportarla a grandes distancias, sino también el de otra de mis creaciones y que es, tal vez, mi invento más espectacular. Me estoy refiriendo, por supuesto, a mi bobina. La bobina de Tesla, vamos. Ese dispositivo con el que conseguí emular el poder de la naturaleza generando chispas eléctricas de la potencia de rayos. Pues bien, mi bobina no es más que un transformador un tanto especial, que genera una diferencia de potencial tan grande en el secundario que el aire, a pesar de ser aislante, no es capaz de contenerla. No es solo eso, claro, porque para conseguir una acumulación de energía semejante no basta con un transformador convencional, sino que hay que utilizar circuitos resonantes de alta frecuencia, con varias bobinas y condensadores de alta tensión.

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